Cábalas y rituales

Cuándo era chico, muy chico. Supe tener varios rituales a los cuales acudía cuando creía necesitarlos. Quizás, la magia no exista o poco tenga que ver en esta historia. Pero a veces era creer o reventar.
El primer ritual que recuerdo, fue concebido en las cercanías del deporte, cuando empecé a jugar y ver fútbol, también en el basket y en todo juego olímpico, viendo a deportistas esceibiendo la historia. Tenía un presentimiento  de que yo pude ser quién manejó ese hilo, a veces, de hecho siento que en partes hubo trampa divina para mí alguna vez, o me gusta pensarlo así. Pero no siembre.
Esa famosa cábala, que iba desde ponerse o no una camiseta, de en compañía de «Quién» lo veías, medias, calzonsillos al revés, etc.

Cuando jugaba basket pasaba igual. Con que pie entrar pisando la cancha, ¿De qué lado había entrado cuando ganamos?, no saludar a los rivales o saludarlos diciendo que ya habían ganado; cuando estaba el equipo contrario por entrar, pasar antes por delante de ellos, y un sin fín de locuras más. Algunas se respetan a la hora de ver un partido a día de hoy.
Pero la verdad, es que casi todas murieron cuando perdimos una final, imperdible. Ahí caí en que no había divinidades haciendo favoritismos, ni siquiera a la hora de la ofrenda devota del solicitante.

Los años pasaron y con él, el cambio de paradigmas respecto a los rituales.
Desde cargar piedras encontradas que me cautivaran o con alguna significancia, ya que algunas creo están de hace tiempo indefinido, a plumas y números repetidos.

Pero para mí el más importante fue el de escribir. Desde siempre fue necesario este ritual, de sentarme y dejarme ir, de soltar también. Cuando era chico escribía todas mis vivencias y como me atravesaban las emociones , más que nada cuando la inmadurez en estas ciencias eran inestables, como un despojo de la inmediatez con la que pasaba esas subidas y bajadas. Era sólo sentir.

Pero llego un momento en que esta especie de ceremonia  se estanco y también logró abandonarme. Creo que fue al mentalizar las emociones y concientizarlas, que me hizo perder el ánimo de ver con que pie me levantaba.

Pasaron años, para darme cuenta que debía buscar enamorarme de lo que vivía sí quería volver a escribir, de ser más enreverado, ya no era suficiente el desahogo .
Tuve que leer mucho y aún así , ponerme y sentarme era caminar por clavos.
Pero un día después de ver pasar ocurrencias siguiendo de largo por mí desgano, aconteció un hecho no muy agradable que me llevo al papel, y lo que pasó después fue que ya no se concebía aquella manera. Ahora escribía como para alguien más y la imaginación también se remontó un poco más.
Hace unos años, me encontré con un taller literario , donde empecé a animarme a compartir  y compartimos en esos encuentros, el fuego de las palabras.
Y puede decirse que ahí fue el quiebre de mi fe renovada en este rito.
Quizás se marche es posible, pero seguro sea para renovarse. Mientras, aprovecho y agradezco que compartido , todo tiene más relevancia.

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