Carta para después de la cuarentena

Hermano.
Para ser tu confidente diario
quiero remarcar tú coraza de guardar.
Sé que a veces te gustaría llorar
porque noto como el mundo
hace meses que te duele.
Y porque sé, que en lo personal
no hubo respiros y de arrastrones
tus rodillas peladas ahí andan.

Pero para ser esa costura imaginaria
aledaña a tu sonriza
es irreprochable
con qué ganas amaneces.
Tarareando esa Lee Oskar
de «Los tiempos están cambiando».
Y que suena a como mosca paseando en los contornos de un plátano sin pulpa y moribundo yaciendo en la bacha.

Por suerte, o no.
Me censuras
y te dispones a bajar
los quince escalones solfiando
la pentatónica de un cardenal.
Y copiando a Elvis,
el mitad Dachshund pelo duro
en sus saltos de patas cortas.

Para ser un poco primo
de tu parte espiritual
me deja tranquilo
que ya no veas tanto a los muertos,
el pasado es de acá en adelante.
Después del virus,
¿Qué decirte?.
Sí aún crees que la peor amenaza
es la mentira con olor a amoníaco
y la desinformación.
Por suerte no tenes tv
y te la pasas mirando el cielo.
Colgado en dos gaviotas
surcando el silencio que nos rodea.

Me sorprende lo relajado que andas.
Para ser yo,
el alfiler haciendo acupuntura
en los bolsillos desolados de tú billetera.
Sé ve que de tu circulo personal
estás intentando reformar y fortalecer
el eslabón
con el qué vas a brindarte mañana.
Espero recuerdes al que te ayudó.

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