Epitafio

Supiste enhebrar entre congojas el hilo dorado del tiempo que te fue concebido. Discerniste con la rueda astrológica en reiteradas ocasiones desafiando el destino. Tuviste plena conciencia, de que las hojas cambian de color para luego desaparecer. Fuiste una mochila llena de escenas frescas de tiempos jóvenes; que hoy son un recuerdo gris de palabras que vagan entre los seres que supiste habitar. Al llegar a Beijing, final del Transiberiano de tu vida, tus últimas palabras fueron : «Que se nutra la tierra de éste cuerpo moribundo, las horas muertas ahora me pertenecen».

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